Definitivamente no hay relación duradera que no sea impactada por la rutina, por la disminución de la pasión; por una temporada de poca emoción que, si descuidamos, pudiera hacerse permanente. Para lograr que la relación recupere vitalidad, es necesario estar vigilantes, ser detallistas y alegres, y recordar un par de aspectos que comentaremos en el episodio de hoy.
No hay mejor oportunidad para iniciar una conversación con los hijos que cuando hay una actividad de por medio. Y si es entretenida, mejor, ya que la plática se da casual y naturalmente. Si a esto, le sumas que, en lugar de ser tú quien hable, escuchas y haces preguntas del tema de interés del joven, podrás disfrutar de un agradable momento con tu hijo.
Todos tenemos nuestra forma particular de pedir disculpas o de tratar de que vuelva la calma en nuestra relación. No siempre decimos la palabra “perdón”, pero la manera en que nos comportamos o las palabras que decimos pretenden expresar nuestro deseo de paz. ¿Conoces la forma en que tu cónyuge te demuestra que lamenta lo sucedido?
Los hijos debes ser siempre educados con profundo cariño. La disciplina es mucho más efectiva cuando se aplica con tranquilidad y amor. Esto, por supuesto, no significa que seamos padres débiles y permisivos. Al contrario. La autoridad debe mantenerse firme y clara y nunca se debe permitir una falta de respeto. En la medida que apliquemos “CARIÑOSA FIRMEZA”, la familia funcionará agradablemente.
Es un término psicológico que básicamente se refiere a nuestra capacidad de resistir los periodos difíciles de la vida. Sin embargo, en una época como la actual, en donde con gran frecuencia se promueve la evasión de la frustración y del sufrimiento con medicamentos, adicciones, etc., se vuelve muy complicado ser resiliente.