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	<title>Pregúntale a Mónica &#187; El artículo del mes</title>
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	<description>Consejos para mejorar tus relaciones y resolver tus problemas</description>
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		<title>¡Respeto, por favor!</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Sep 2009 03:21:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mónica Bulnes de Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[El artículo del mes]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde pequeños nos enseñan que hay que respetar a los demás. También nos explican que toda persona merece nuestra consideración. Sin embargo, es frecuente que algunas personas no tengan claro la manera en que pueden ganarse esta deferencia.
Se enfrascan en relaciones conflictivas, en donde la discusión es cotidiana y en cada pleito se reparten ofensas y descortesías por parte de todos los involucrados. En otros casos, sienten que son tratados groseramente por amigos, familiares y conocidos: los dejan plantados, sus opiniones no son tomadas en serio, y en general no ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>Desde pequeños nos enseñan que hay que respetar a los demás. También nos explican que toda persona merece nuestra consideración. Sin embargo, es frecuente que algunas personas no tengan claro la manera en que pueden ganarse esta deferencia.</big></p>
<p><big>Se enfrascan en relaciones conflictivas, en donde la discusión es cotidiana y en cada pleito se reparten ofensas y descortesías por parte de todos los involucrados. En otros casos, sienten que son tratados groseramente por amigos, familiares y conocidos: los dejan plantados, sus opiniones no son tomadas en serio, y en general no se sienten respetados por quienes los rodean. Después de cada evento, sólo son algunos los que deciden conversar y exponer su queja, tratando de que la misma situación no se repita, encontrándose nuevamente, después de un tiempo, sufriendo de las mismas circunstancias.</big></p>
<p><big>Nadie resiste mucho tiempo con este tipo de relaciones. Se acumulan resentimientos y la percepción de nosotros mismos puede verse seriamente dañada. Entonces, para encontrar una solución más definitiva, tenemos que analizar dos posibilidades. De acuerdo a la que más se acerque a lo que está sucediendo, sabremos elegir el camino para obtener el mejor resultado.</big></p>
<p><big>En primer lugar, puede ser que nosotros estemos provocando las condiciones para que esto suceda. Nuestro comportamiento no es el de una persona íntegra y responsable, digna de un trato a ese nivel.</big></p>
<p><big>El respeto se gana. Se obtiene cuando mostramos un carácter fuerte; cuando hacemos cosas que nos hacen sentir orgullosos de nosotros mismos; cuando vencemos una dificultad a base de disciplina y voluntad… En pocas palabras, se obtiene respeto cuando empezamos por respetarnos a nosotros mismos. Parece contradictorio, pero es verdad: la autoestima sana “emana” hacia afuera. Se transmite cuando lo reflejamos en nuestra conducta y nuestra actitud ante la vida. Cuando somos personas honorables, no es necesario exigir respeto. Lo obtenemos como natural consecuencia.</big></p>
<p><big>La buena noticia es que podemos empezar en cualquier momento a ser esta persona que deseamos ser. Sin importar la que haya sido nuestra historia o las circunstancias en las que nos encontramos en este momento, A PARTIR DE HOY podemos empezar el cambio personal hacia el fortalecimiento de quienes somos. Y el secreto está en hacer lo correcto. No lo que quiero; no lo que me “dan ganas” de hacer. Sencillamente lo que sé que será lo mejor para todos, independientemente de los sentimientos que pudieran obstaculizar que se logre este resultado. Y no se requiere esperar a que ocurran grandes acontecimientos para probar nuestra honorabilidad. En las pequeñas actividades cotidianas podemos demostrarlo: actuando siempre con honradez (especialmente cuando nadie nos observa), siendo educado aún cuando estamos molestos, cumpliendo con nuestras obligaciones y, en general, teniendo un trato justo con los demás. Por supuesto que habrá cosas que cuesten trabajo, pero es precisamente en este esfuerzo en donde será medida nuestra fortaleza de carácter, resultando en la consolidación de nuestra autoestima.</big></p>
<p><big>Poco a poco se irán instalando estas conductas de tal manera que, cuando menos nos demos cuenta, nos sentiremos muy satisfechos con nosotros mismos y la gente percibirá esta actitud. Esto deberá originar más respeto de quienes nos rodean.</big></p>
<p><big>En el segundo caso a considerar para elegir una estrategia de solución, estamos involucrados de manera indirecta. En esta situación, hemos entablado una relación con una persona poco educada y de un frágil marco de valores. Al convivir con ella, no somos nosotros, sino su propia historia y personalidad la que hace que reaccione de una manera que refleja el poco respeto que siente por conocidos y desconocidos.</big></p>
<p><big>Obviamente, dependerá de ese individuo el que logre cambiar su conducta. No importa lo que nosotros argumentemos para que se detenga, si no está dispuesto a hacerlo, nunca ocurrirá. Seguiremos sufriendo de constantes faltas de respeto. Entonces, ¿qué podemos hacer en este caso? La decisión está en el grado de cercanía que tendremos con esa persona. Podemos medir qué tan involucrados estaremos y, por lo tanto, qué tanto estaremos dispuestos a aceptar. Si elegimos continuar con la relación, a pesar de que ya hubo muestras claras del maltrato que tiene esta persona hacia los demás, entonces también hemos decidido “pagar el precio” que significa continuar cercano: soportar, sin mayores quejas, la forma de actuar del otro.</big></p>
<p>______________________________________________________</p>
<p>Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Septiembre, 2009</p>
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		<title>Atracción Sexual</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Jun 2009 03:21:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mónica Bulnes de Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[El artículo del mes]]></category>

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		<description><![CDATA[El ser humano tiene un repertorio de instintos y conductas automáticas que en cierta medida compartimos con el resto de los animales en la naturaleza. Generalmente son respuestas que no pasan por la corteza cerebral, por lo que el razonamiento no está involucrado en el proceso. Este suele ser el motivo por el que creemos que no tenemos ningún control sobre lo que nos sucede. Y no podríamos estar más equivocados.
Por supuesto que la reacción inicial es espontánea. Por ejemplo, súbitamente a cierta hora determinada del día, sentimos hambre. No ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>El ser humano tiene un repertorio de instintos y conductas automáticas que en cierta medida compartimos con el resto de los animales en la naturaleza. Generalmente son respuestas que no pasan por la corteza cerebral, por lo que el razonamiento no está involucrado en el proceso. Este suele ser el motivo por el que creemos que no tenemos ningún control sobre lo que nos sucede. Y no podríamos estar más equivocados.</big></p>
<p><big>Por supuesto que la reacción inicial es espontánea. Por ejemplo, súbitamente a cierta hora determinada del día, sentimos hambre. No lo podemos evitar. Nuestro organismo nos indica que ha pasado un lapso suficiente desde nuestra última comida y que requiere nuevamente de nutrientes. Despliega una serie de procesos bioquímicos, que nosotros interpretamos como hambre.</big></p>
<p><big>De la misma manera, el impulso sexual está determinado por el nivel hormonal, por la maduración fisiológica y un conjunto de diferentes mecanismos que en ocasiones, sin previo aviso, ante ciertos estímulos, provoca que nos sintamos atraídos hacia una persona. Y, como con muchos de los procesos biológicos, no podemos elegir &#8220;sentir&#8221; o no esta atracción.</big></p>
<p><big>Pero la persona humana no es la suma de sus reacciones a distintos estímulos. Nosotros, a diferencia del resto de los animales, podemos interpretar y darle un significado específico a lo que estamos sintiendo, para sopesar lo adecuado o no de la acción que estamos considerando tomar. Nos distinguimos por elevar cada conducta a un nivel en el que adquiere un significado, y de esta manera alcanza un valor y esa conducta nunca vuelve a verse de la misma manera.  Por ejemplo, a pesar de que todos los animales comemos, para las personas hay comidas para celebrar cumpleaños, existen las “cenas románticas” para un matrimonio, los alimentos que consuelan y los que nos recuerdan a un ser querido… para los animales, el alimento es sólo energía para su supervivencia. </big></p>
<p><big>En situaciones tan importantes como el actuar hacia quien nos atrae sexualmente, no deberíamos de basarnos en lo que sentimos en un momento dado. Porque la conducta sexual involucra TODA nuestra persona, cuerpo y espíritu, ésta debe estar siempre mediada por nuestro razonamiento y por lo que sabemos que nos podrá construir un futuro feliz y trascendente. El resultado de nuestro comportamiento debe ser congruente con el valor que le damos a todo lo que hacemos. Es así que debemos de tener claro lo que queremos que sea nuestro futuro: ¿quieres encontrar a un verdadero compañero para toda la vida?, ¿quieres una mujer a tu lado con la que puedas formar una familia estable, cercana y feliz? Pues bien, este resultado requiere de planeación, esfuerzo, paciencia y mucha inteligencia. Por supuesto, el sentimiento (verdadero amor) es indispensable para que la fórmula funcione, pero no es el único ingrediente necesario. Actuar ante la atracción inicial, empezando una relación sexual, impulsivamente,  tiene consecuencias muy dolorosas para todos los involucrados.</big></p>
<p><big>La atracción sexual suele ser el primer paso. Alguien nos gusta y nos motiva a conocerlo más profundamente. Y se empieza a construir una relación. Pero una vez que hemos elegido a alguien y hemos comprometido nuestra vida en matrimonio, tenemos que tener siempre presente que seguiremos sintiendo atracción sexual, idealmente hacia nuestro cónyuge, pero también hacia algunas personas que nos resultan agradables a la vista o de grata personalidad. Y es ahí en donde entra en juego la fortaleza de carácter, la firmeza de los principios y la claridad del objetivo: ser personas íntegras, construyendo un buen destino. Eso significa no actuar basada en los sentimientos, sino en los razonamientos.</big></p>
<p>____________________________________________________</p>
<p>Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Junio, 2009</p>
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		<title>Cuando los hijos se van</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Mar 2009 18:12:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mónica Bulnes de Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[El artículo del mes]]></category>

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		<description><![CDATA[Siempre empezamos como pareja, y en el momento en que nace el primer hijo, la relación nunca vuelve a ser la misma. Por supuesto que se espera que ahora esté más fortalecida, sea más diversa y, por lo tanto, con su muy particular manera de ser divertida.
Y traer al mundo, cuidar y formar a los hijos requiere de gran esfuerzo y concentración del matrimonio. Son muchos años los que requerirá el joven para alistarse para dejar el nido. Y si no tuvimos cuidado, nos encontraremos en ese momento sin saber ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>Siempre empezamos como pareja, y en el momento en que nace el primer hijo, la relación nunca vuelve a ser la misma. Por supuesto que se espera que ahora esté más fortalecida, sea más diversa y, por lo tanto, con su muy particular manera de ser divertida.</big></p>
<p><big>Y traer al mundo, cuidar y formar a los hijos requiere de gran esfuerzo y concentración del matrimonio. Son muchos años los que requerirá el joven para alistarse para dejar el nido. Y si no tuvimos cuidado, nos encontraremos en ese momento sin saber cómo recuperar esa relación de sólo dos que disfrutamos al principio.</big></p>
<p><big>Un día, un hombre en sus 30&#8217;s, tristemente me confesaba: &#8220;Yo perdí a mi mujer el día que nació mi primer hijo&#8221;. Y aunque es lógico y necesario que los niños obtengan tiempo y atención de sus padres (en cantidad y calidad), es importante tener claro que sólo están de paso y que se deben ir para construir su propio destino.</big></p>
<p><big>Y, ¿qué nos queda? Espero que la amorosa compañía de quien elegimos como cónyuge y, además, un proyecto personal que enriquezca nuestros días. Lo primero empezó a prepararse desde que los niños eran pequeños, haciendo tiempo para los dos, encontrando tiempo para la intimidad y demostrándole a los hijos, en los pequeños y grandes momentos de la vida cotidiana que, aunque los amamos profundamente, &#8220;mi esposa(o) es primero&#8221;. En pocas palabras, asegurándonos de que la relación se mantenga fresca y divertida (para obtener algunas ideas de cómo lograrlo, visitar www.preguntaleamonica.com).</big></p>
<p><big>Lo segundo es también indispensable. Además del proyecto común que significa el mantener una buena relación de pareja, cada cónyuge requiere un proyecto individual que enriquezca su vida personal. El depender al 100% de los hijos o del esposo(a) para planear nuestras actividades, se convierte en una carga muy pesada para nuestros seres queridos. Un equilibrio entre la vida familiar, de pareja y personal es lo que nos permitirá, con entusiasmo, manejar mejor la &#8220;etapa del nido vacío&#8221;. </big></p>
<p>____________________________________________________</p>
<p>Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Marzo, 2009</p>
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		<title>¡Pero yo tengo la razón!</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Feb 2009 18:12:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mónica Bulnes de Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[El artículo del mes]]></category>

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		<description><![CDATA[Y con esta frase justificamos el aferrarnos a las peores actitudes o a un interminable discurso con nuestro cónyuge, tratando de convencerlo de la veracidad de nuestro punto de vista.
Lo peor es que lo más probable es que en realidad SÍ tengas la razón. Podría ser que tu queja esté perfectamente justificada y que incluso haya muchas personas que estén de acuerdo contigo.
Pero, siendo reales, comprobamos una y otra vez que el tener la razón no trae la felicidad. Efectivamente, es muy molesto que tu esposo no te ayude más ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>Y con esta frase justificamos el aferrarnos a las peores actitudes o a un interminable discurso con nuestro cónyuge, tratando de convencerlo de la veracidad de nuestro punto de vista.</big></p>
<p><big>Lo peor es que lo más probable es que en realidad SÍ tengas la razón. Podría ser que tu queja esté perfectamente justificada y que incluso haya muchas personas que estén de acuerdo contigo.</big></p>
<p><big>Pero, siendo reales, comprobamos una y otra vez que el tener la razón no trae la felicidad. Efectivamente, es muy molesto que tu esposo no te ayude más con las cosas de la casa. Es desesperante que tu mujer no se esfuerce más por llevarse mejor con tu familia&#8230; Es cierto, tienes RAZÓN. Y lo ideal sería que cambiara, ¿no es verdad?</big></p>
<p><big>Se nos ha dicho que parte de nuestras funciones conyugales es promover que nuestra pareja mejore como persona. Entonces, como superhéroe con causa, nos vamos contra el otro, para &#8220;ayudarlo&#8221;.</big></p>
<p><big>Y empezamos a reclamar, a sermonear, a dar ejemplos que ilustren lo que queremos que el otro, por fin, entienda.  Nos enojamos, y lo etiquetamos como &#8220;poco involucrado&#8221;, &#8220;desinteresada&#8221;, &#8220;distante&#8221;, etc. Y, años después nos sorprendemos discutiendo por lo mismo, pero comprobando que ahora nuestra relación está más dañada que antes.</big></p>
<p><big>HAGAMOS LO QUE FUNCIONA. Si ya tienes tiempo tratando una misma estrategia y todo sigue igual, intenta esta: Define una meta concreta y accesible. Por ejemplo, salir con amigos una vez cada 15 días, o aceptar UNO de los &#8220;pequeños&#8221; defectos del otro, que tanto nos desespera. Y haz que suceda, sin quejas y con entusiasmo.</big></p>
<p><big>Por supuesto, es indispensable saber distinguir entre lo que podemos modificar y lo que no. La aceptación es un ingrediente clave para que esto funcione. Hay cosas que  nunca cambiarás de tu cónyuge. Así lo(a) elegiste. Deja de tratar de hacerlo(a) otra persona, a pesar de lo increíblemente molesta que puede ser esa característica&#8230;</big></p>
<p><big>No se necesitan &#8220;palabras mágicas&#8221; o &#8220;pociones especiales&#8221; para lograrlo. La convicción de que la relación permanecerá a pesar de dificultades y la certeza de que sólo con amor, paciencia y entrega se solucionan las diferencias, serán las características del proyecto que garanticen su éxito.</big></p>
<p>__________________________________________________</p>
<p>Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Febrero, 2009</p>
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		<title>El trabajo de la felicidad</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Dec 2008 18:12:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mónica Bulnes de Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[El artículo del mes]]></category>

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		<description><![CDATA[La búsqueda de la felicidad es el motor que nos mueve diariamente. Nuestro trabajo, la pareja que elegimos, nuestros pasatiempos, etc. Todo va dirigido a encontrar esa sensación de satisfacción, de contento con quienes somos y lo que hacemos. Incluso, nuestras creencias religiosas nos impulsan a hacer trascendentes nuestras actividades, a ir más allá de nosotros mismos, con el fin de obtener la felicidad verdadera.
Lo curioso es lo difícil que nos resulta alcanzarla. Pareciera que el significado no es claro, o que fácilmente nos dejamos engañar por caminos que “parecen” ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>La búsqueda de la felicidad es el motor que nos mueve diariamente. Nuestro trabajo, la pareja que elegimos, nuestros pasatiempos, etc. Todo va dirigido a encontrar esa sensación de satisfacción, de contento con quienes somos y lo que hacemos. Incluso, nuestras creencias religiosas nos impulsan a hacer trascendentes nuestras actividades, a ir más allá de nosotros mismos, con el fin de obtener la felicidad verdadera.</p>
<p>Lo curioso es lo difícil que nos resulta alcanzarla. Pareciera que el significado no es claro, o que fácilmente nos dejamos engañar por caminos que “parecen” llevarnos a encontrarla, pero que en realidad nos desvía y aleja del fin que originalmente anhelamos. Y lo que con más frecuencia sucede es que las decisiones se basan en la inmediatez, en lo “bien” que nos “sentimos” al momento de realizar algo. Le otorgamos gran peso a esa sensación agradable que nos produce un acto determinado. </p>
<p>El problema reside en que las sensaciones y sentimientos no son racionales. Son incapaces de evaluar, concretamente, las ventajas o desventajas de una acción, o las objetivas consecuencias de un acto específico. Por lo tanto, al hacer algo exclusivamente porque “es divertido” o porque “me siento muy bien”, corremos el riesgo de sufrir un desenlace que nos lastime o, peor aún, cambie negativamente el feliz destino que habíamos planeado.</p>
<p>Así es que, para lograr ser felices, debemos de ser inteligentes. Nuestro cerebro debe estar tan involucrado como nuestro corazón en la toma de decisiones. Cada acción que tomamos, debería ser evaluada con una sencilla pregunta: ¿Me acerca o me aleja al objetivo que me había planteado en mi proyecto de vida? Obviamente, si nos aleja, hay que tener la fortaleza para detenernos y hacer otra cosa. Porque en la construcción de nuestro destino, no hay “fórmulas mágicas” que, sin esfuerzo alguno, hagan aparecer cosas buenas en nuestra vida. Hay que trabajar por ellas. Y en el sacrificio, el autocontrol y el empeño, nos fortalecemos en el camino y resultamos más preparados para reconocer lo que verdaderamente constituye la felicidad.</big></p>
<p>_______________________________________________________</p>
<p>Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Diciembre, 2008</p>
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		<title>Prioridades</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Nov 2008 18:12:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mónica Bulnes de Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[El artículo del mes]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Mi prioridad son mis hijos&#8230;&#8221; Es una frase que escucho con frecuencia, que en realidad suena muy bien. Quien la dice, parece describirse como un padre o madre responsable, cuyas actividades diarias se coordinan y organizan de acuerdo a las necesidades de su prole. 
Espero que hayan notado que utilicé la palabra &#8220;parece&#8221;, pues este es un caso en el que la teoría no siempre es congruente con la realidad. El establecer si nosotros hacemos lo que decimos o pensamos, es una evaluación que debemos hacer con absoluta sinceridad, por ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>&#8220;Mi prioridad son mis hijos&#8230;&#8221; Es una frase que escucho con frecuencia, que en realidad suena muy bien. Quien la dice, parece describirse como un padre o madre responsable, cuyas actividades diarias se coordinan y organizan de acuerdo a las necesidades de su prole. </big></p>
<p><big>Espero que hayan notado que utilicé la palabra &#8220;parece&#8221;, pues este es un caso en el que la teoría no siempre es congruente con la realidad. El establecer si nosotros hacemos lo que decimos o pensamos, es una evaluación que debemos hacer con absoluta sinceridad, por incómodo que sea, si queremos llegar a conclusiones que  nos sean útiles.</big></p>
<p><big>Lo primero es tener claro qué es lo que nuestros hijos NECESITAN de nosotros, como padres. No lo que ellos quieren o nosotros &#8220;sentimos ganas de darles&#8221;. Sabiendo que nuestro objetivo final es el de formar adultos seguros de sí mismos, estables, responsables e íntegros, sus necesidades serían aquellas que nos dirigieran a lograr esta meta. Sabrán construirse por si mismos la felicidad que todos deseamos para ellos cuando su marco de valores esté fortalecido por las características mencionadas. </big></p>
<p><big>Así es como nuestros hijos requieren, principalmente, de nuestro TIEMPO. Para conversar, para reír, para consolar, para jugar, para discutir&#8230; Para transmitirles nuestros principios, valores y perspectivas, en las mil y una ocasiones que nos dan las pequeñas anécdotas de la vida diaria, con el fin de que puedan aprender a manejar mejor su existencia.</big></p>
<p><big>Nada transmite más seguridad, y por lo tanto tranquilidad, a un hijo, que confirmar diariamente que uno o ambos padres están en casa cuando él llega. No necesariamente para estar juntos, en la misma habitación, sino sólo para saber que están cerca quienes pueden resolverle un problema que se le presente, por más sencillo que nos parezca. Y conforme crecen, esta ayuda se transforma más en asesoría. A partir de los últimos años de la adolescencia, los padres nos convertimos en guías quienes ofrecen una perspectiva que el joven considerará en su toma de decisiones.</big></p>
<p><big>Son nuestras elecciones las que determinarán si nuestras prioridades están en donde decimos que las tenemos. Nuestras actividades diarias, el tiempo que le damos a cada una y la disposición para hacer los ajustes necesarios cuando surge un imprevisto, siempre teniendo presente lo importante: ¿Realmente es indispensable que yo asista a esta reunión en la oficina, o puedo salir más temprano para acompañar a mi hijo en casa, porque está agripado? ¿Me doy el tiempo para salir con mi esposo a solas, incluso a paseos sencillos, para fortalecer nuestra relación?</big></p>
<p><big>Todo esto implica un compromiso. Exige un esfuerzo de nuestra parte y, como toda decisión que tomamos, tiene un &#8220;costo&#8221; en tiempo que, al cumplirlo cabalmente, expresa, no en intención sino en realidad, quienes son nuestra prioridad.</big></p>
<p><big>La recompensa se recibe instantáneamente, en las momentos especiales que compartimos con quienes amamos; pero también la disfrutamos a través de los años, al ver a nuestros hijos convertirse en hombres y mujeres absolutamente capaces de construirse un futuro comprometido, trascendente y feliz.</big></p>
<p>_____________________________________________________</p>
<p>Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Noviembre, 2008</p>
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		<title>El poder de la ternura</title>
		<link>http://www.preguntaleamonica.com/articulo-el-poder-de-la-ternura.html</link>
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		<pubDate>Mon, 01 Sep 2008 18:12:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mónica Bulnes de Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[El artículo del mes]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta es una palabra que se ha ido perdiendo a través de los años, especialmente en una época como la nuestra, en que la velocidad en que nos movemos no nos permite detenernos a pensar en términos o situaciones que pudieran quitarnos nuestro valioso tiempo.
Por supuesto, bebés y niños nos inspiran gran ternura. De esa que surge y se expresa espontáneamente. De la que yo estoy hablando, es la que deberíamos demostrar entre adultos. Con nuestra pareja, nuestra familia, nuestros amigos.
No se confundan, a mí me gusta lo cursi o ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>Esta es una palabra que se ha ido perdiendo a través de los años, especialmente en una época como la nuestra, en que la velocidad en que nos movemos no nos permite detenernos a pensar en términos o situaciones que pudieran quitarnos nuestro valioso tiempo.</big></p>
<p><big>Por supuesto, bebés y niños nos inspiran gran ternura. De esa que surge y se expresa espontáneamente. De la que yo estoy hablando, es la que deberíamos demostrar entre adultos. Con nuestra pareja, nuestra familia, nuestros amigos.</big></p>
<p><big>No se confundan, a mí me gusta lo cursi o melodramático. No soy de las personas que lloran en las películas románticas. Pero soy una convencida de que el constante contacto físico ayuda en gran medida a tener buenas relaciones interpersonales. Que tiene el poder de disminuir la tensión ante una situación determinada, y acerca a dos personas a pesar de que pudiera haber grandes diferencias entre ellos.</big></p>
<p><big>Rozar un brazo, tocar el pelo, sonreír viendo a alguien directamente a la cara. Todo esto son ejemplos pequeños que expresan atención, cercanía y ternura. No hay más ciencia. Pero es nuestro miedo a la intimidad, lo que nos detiene.</big></p>
<p><big>Sentirnos vulnerables y expuestos es una razón poderosa para alejarse. Pero no hay manera tener una verdadera compañera, un amigo y pareja cercana, si no estamos dispuestos a la cercanía que representa el expresar que el otro nos importa. Toda relación implica un riesgo. En el trabajo, en la familia, en la pareja. En todas nos exponemos a ser lastimados o rechazados en un momento dado. Reducimos en gran medida este peligro cuando nos dedicamos a reforzar nuestras relaciones.</big></p>
<p><big>“El que no arriesga, no gana”, dice el refrán. Pero arriesgarse a lo tonto no tiene sentido. Siempre hay que tomar “riesgos calculados”. Preparar el escenario de tal manera que podamos reducir las posibilidades de rechazo, de desamor. Y depende en gran medida de nosotros, no de los demás. Tenemos la absoluta capacidad de construir nuestro destino. Al elegir nuestra pareja, al decidir nuestro comportamiento, nuestras palabras, gestos y actitudes, estamos armando, poco a poco, nuestro futuro.</big></p>
<p><big>Entonces, sólo hagamos lo que acerque y construya. Sólo digamos lo que nos unirá más a nuestros seres queridos. Sólo actuemos de acuerdo a lo que fortalecerá nuestras relaciones. Desechemos cualquier conducta, actitud o pensamiento que no siga este lineamiento. Y, si además de concentrar nuestra atención a este objetivo, lo rodeamos de contacto físico, estaremos en el camino adecuado para entablar relaciones estables, permanentes, que nos hacen felices.</big></p>
<p>________________________________________________________</p>
<p>Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Septiembre, 2008</p>
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		<title>¿Necesito ir a terapia?</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jul 2008 18:12:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mónica Bulnes de Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[El artículo del mes]]></category>

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		<description><![CDATA[Mucha gente cree que la terapia es útil para aquellos que están seriamente trastornados. De hecho, precisamente lo contrario tiende a ser verdad. La decisión de ir a terapia es con frecuencia una señal de salud mental, una señal de que una persona es los suficientemente inteligente para saber que necesita ayuda. Y lo suficientemente responsable para obtenerla.
Nadie se cuestiona el acudir al médico ante un problema serio. Y justo cuando la enfermedad física se complica, parecemos estar más ansiosos por compartir con nuestros familiares, amigos y prácticamente cualquier persona ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>Mucha gente cree que la terapia es útil para aquellos que están seriamente trastornados. De hecho, precisamente lo contrario tiende a ser verdad. La decisión de ir a terapia es con frecuencia una señal de salud mental, una señal de que una persona es los suficientemente inteligente para saber que necesita ayuda. Y lo suficientemente responsable para obtenerla.</big></p>
<p><big>Nadie se cuestiona el acudir al médico ante un problema serio. Y justo cuando la enfermedad física se complica, parecemos estar más ansiosos por compartir con nuestros familiares, amigos y prácticamente cualquier persona que esté dispuesta a escucharnos, los detalles del tratamiento, los síntomas de nuestro padecimiento y los pronósticos de curación…</big></p>
<p><big>Entonces, ¿por qué no reaccionamos de igual manera cuando se trata de una “condición emocional”? ¿Por qué no dudamos, por ejemplo, al hacer la cita con el gastroenterólogo cuando nuestros remedios caseros no funcionan para aliviarnos del estómago, pero eludimos hasta el último momento posible el establecer una sesión con el terapeuta de pareja?</big></p>
<p><big>La respuesta se encuentra en la percepción generalizada de que las condiciones de inestabilidad emocional reflejan debilidad en la persona, y que los problemas que de esto se derivan ocurren porque ella misma ha provocado la situación en la que se encuentra. La enfermedad física está totalmente fuera de nuestro control. La “enfermedad emocional” es una consecuencia de nuestras decisiones. Por lo tanto, de acuerdo a esta postura, el acudir a terapia significaría aceptar que estamos equivocados y que somos incapaces de arreglar nuestro error, ¿¿quién está listo para aceptar esto públicamente??</big></p>
<p><big>Pero lo que propongo en este artículo es analizar el asunto desde el ángulo diametralmente opuesto: No hay nada que demuestre mayor capacidad de análisis, fortaleza de carácter, humildad e inteligencia, que el de reconocer que hemos errado y tomar las medidas necesarias para corregir el camino.</big></p>
<p><big>Por supuesto, lo esperado es que podamos manejar adecuadamente la mayoría de los problemas personales o familiares. Solos, o con el buen consejo de algún amigo o pariente, deberíamos poder diseñar una estrategia de solución y aplicarla exitosamente. Entonces, ¿cuándo es que necesitamos considerar la opción de una terapia?</big></p>
<p><big>Algunos criterios serían los siguientes:<br />
- Cuando un problema se alarga por mucho tiempo y no se nos ocurren soluciones adecuadas.<br />
- Cuando sufrimos de una depresión o crisis de ansiedad que nos dejan con sentimientos de desesperanza o con la sensación de que no podemos seguir adelante.<br />
- Cuando los problemas cotidianos se repiten cien veces y nos impiden ser felices o sentirnos productivos.</big></p>
<p><big>La terapia sirve para entender nuestros sentimientos, para analizar nuestro entorno de una manera más objetiva, y para escuchar una perspectiva que pudiera ayudarnos a definir una manera de cambiar nuestra conducta o actitud.</big></p>
<p><big>Freud definió a la persona sana como aquella que es capaz de “amar y trabajar”. Cuando podemos hacerlo plenamente, sea cual sea la manera en que lo logremos, estaremos encaminados hacia la verdadera felicidad.</big></p>
<p>___________________________________________________</p>
<p>Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Julio, 2008</p>
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		<title>La diferencia en el matrimonio</title>
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		<pubDate>Thu, 01 May 2008 18:12:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mónica Bulnes de Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[El artículo del mes]]></category>

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		<description><![CDATA[Felipe escribió al programa. Después de años de una relación distante y problemática, ha reencontrado en su esposa a aquella mujer, cariñosa, cercana y divertida, de la que se había enamorado años antes&#8230; y después está Juan, quien no le encuentra sentido permanecer en una casa en donde ya no siente amor, atracción, ni disposición para cambiar las cosas.
Y ahí está la clave: la disposición. La actitud de querer mejorar el ambiente familiar, motivado, no sólo por el claro beneficio de sentirse relajado y feliz, sino también porque así nos ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>Felipe escribió al programa. Después de años de una relación distante y problemática, ha reencontrado en su esposa a aquella mujer, cariñosa, cercana y divertida, de la que se había enamorado años antes&#8230; y después está Juan, quien no le encuentra sentido permanecer en una casa en donde ya no siente amor, atracción, ni disposición para cambiar las cosas.</big></p>
<p><big>Y ahí está la clave: la disposición. La actitud de querer mejorar el ambiente familiar, motivado, no sólo por el claro beneficio de sentirse relajado y feliz, sino también porque así nos comprometimos, años antes, al contraer matrimonio con nuestra pareja.</big></p>
<p><big>No existe la relación en la que no hay conflicto o roces. Después de años de convivencia y cercanía, es natural que existan situaciones en las que las diferencias de estilo de cada persona, provoquen problemas y discusiones. Sin embargo, es fundamental el tener claro que al casarnos, la decisión fue para siempre. Y hago hincapié en el uso de palabras: la DECISIÓN es para siempre. Este compromiso no se basa en los sentimientos, en el “lo sigo queriendo” o “todavía me gusta estar con ella”. La disposición se refiere a encontrar la fortaleza para reconstruir el sentimiento a base de trabajar en el comportamiento.</big></p>
<p><big>Lo primero, por supuesto, es actuar inmediatamente, cuando vemos que estamos iniciando una etapa de frialdad y distanciamiento. En las relaciones de pareja, hay que actuar como con el cáncer. Si nos esperamos a iniciar el “tratamiento”, la enfermedad invade todas las áreas de la relación, y acaba por matarla. Así que, en estos casos, más vale prevenir, siempre estando alerta al estado de salud de nuestro matrimonio, para evitar mayores dificultades más adelante.</big></p>
<p><big>Todo esto puede ocurrir cuando estamos absolutamente convencidos de que la familia es la fuente de la felicidad. Es ahí donde encontramos el apoyo, la compañía, el cariño y el servicio que necesitamos para afrontar la vida. Fortalecer a la familia es asegurar una vida plena y satisfactoria. Es hallar la trascendencia en el quehacer diario.</big></p>
<p><big>Pero me queda claro que encontrar la disposición de rehacer lo que ya está tan herido, resentido y alejado, es increíblemente difícil. Especialmente hoy en día, en donde los sentimientos parecen ser los motores de nuestra conducta. Encontrar la motivación para seguir en el esfuerzo, el honor y la fuerza de carácter, parece no entrar en la gama de consideraciones al tomar la decisión de quedarse a terminar de formar a los hijos, de quedarse para dar un testimonio real de que, cuando dijimos “en lo próspero y en lo adverso”, sabíamos que nos quedaríamos ahí, en casa, a hacerle frente a la tormenta, para después gozar de la calma.<br />
Nuestros hijos nos observan con atención. Cuentan con nosotros para apaciguar sus temores y vivir tranquilos. Jamás esperan que sean sus propios padres los que los lastimen profunda y definitivamente. </big></p>
<p><big>Cuando quedarnos en nuestra relación no ponga en peligro nuestra vida o la de nuestros hijos, cuando nuestra pareja no sufra de una adicción profunda y sin ningún interés en tratarla, o cuando no se sufre de auténticas indignidades, debemos de recurrir a TODOS los medios para volver a sentir por el cónyuge lo mismo que cuando decidimos comprometernos permanentemente con nuestra pareja. Se lo debemos a nuestros hijos. Nos lo debemos a nosotros mismos.</big></p>
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<p>Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Mayo, 2008</p>
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		<title>Venciendo la depresión</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Mar 2008 18:12:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mónica Bulnes de Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[El artículo del mes]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cómo puedo saber si estoy deprimida o si sólo estoy pasando por una temporada triste? Realmente el término se ha vuelto tan conocido, que con frecuencia se confunde su diagnóstico y, por lo tanto, se equivoca el tratamiento.
Primero necesitamos saber lo que es la depresión, para estar seguros de que estamos sufriendo de esta condición. La depresión es un desorden emocional, en el que la persona pierde interés por lo que le rodea, está triste, se modifican sus patrones de sueño y hambre, presenta baja autoestima, desesperación y, en general, ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><big>¿Cómo puedo saber si estoy deprimida o si sólo estoy pasando por una temporada triste? Realmente el término se ha vuelto tan conocido, que con frecuencia se confunde su diagnóstico y, por lo tanto, se equivoca el tratamiento.</big></p>
<p><big>Primero necesitamos saber lo que es la depresión, para estar seguros de que estamos sufriendo de esta condición. La depresión es un desorden emocional, en el que la persona pierde interés por lo que le rodea, está triste, se modifican sus patrones de sueño y hambre, presenta baja autoestima, desesperación y, en general, es negativa y pesimista. En algún momento de nuestra vida, todos hemos pasado por un momento depresivo, ya sea como parte de la adolescencia (en donde sufrir periodos de depresión es algo normal y esperado), o como resultado de una muy mala experiencia.</big></p>
<p><big>De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, cerca de 121 millones de personas en el mundo sufren de esta devastadora condición. De hecho, es una de las principales causas de incapacidad laboral que se reporta en la mayoría de los países del planeta. Esto sin mencionar el impacto que tiene en la vida personal y familiar de quien la sufre. De ahí la importancia de atenderla a tiempo, antes de que la condición se establezca y profundice, haciendo aún más difícil la recuperación del deprimido.</big></p>
<p><big>Y como ocurre en múltiples condiciones emocionales, la depresión tiene un componente biológico que, de acuerdo a la severidad del caso, requerirá o no, del apoyo de fármacos que ayuden a la persona a recobrar el ánimo perdido. Esto sólo puede evaluarlo un médico, pero para la verdadera rehabilitación, se requerirá de ayuda terapéutica. Es decir, sólo tomar antidepresivos no será suficiente. La persona que sigue este camino, se dará cuenta que, al abandonar el tratamiento alópata (las medicinas), la depresión regresa. </big></p>
<p><big>Para un manejo adecuado de una depresión, lo primero que se requiere es información. Es decir, una vez obtenido el diagnóstico, es indispensable que la persona aprenda a reconocer las señales que le indican que se está deprimiendo. Estas varían en cada persona, por lo que es necesario aprender las propias. Para unos, el primero indicio será un mal humor constante; para otras, un claro desinterés por maquillarse, por ejemplo; para el atleta, una flojera enorme por levantarse a hacer lo que normalmente le apasiona… Este es el primer paso a darle la dimensión adecuada a la depresión.</big></p>
<p><big>Está ampliamente documentado el hecho de que la mayor responsable de la recuperación de una depresión, es la actitud. Si nos dejamos vencer ante la “enormidad” de un sentimiento, no habrá medicamento o terapeuta que nos saque del abismo en el que hemos caído. Darle proporción al problema, y forzar la mente a pensar de una determinada manera, contrarrestarán los sentimientos de pesimismo y desesperación.</big></p>
<p><big>Por supuesto, esta estrategia requiere de trabajo y voluntad pero, ¿qué logro importante no lo demanda? Si queremos dejar de sentirnos hundidos y alejados de la alegría que parece rodear a los demás, debemos hacer un esfuerzo conciente para lograrlo. Conforme pasen los días, nos será más fácil, pues el sentimiento terminará siguiendo a la conducta, y nos sentiremos mejor.</big></p>
<p><big>Así que, ¿qué hacer? En realidad no tiene mayor ciencia: hay que hacer lo que sabemos que hacen los que se sienten animados y alegres: trabajar, hacer ejercicio, convivir con amigos y familiares, SONREÍR, cantar… Podríamos sentirnos un poco ridículos, en un momento dado, “actuando” como personas no deprimidas, pero el gran secreto de la vida es muchas veces no tomarnos tan en serio… Cada vez que tengas un pensamiento negativo, haz algo positivo. Recuerda: pensamiento pesimista – acción optimista. Esta es la fórmula para ir fortaleciendo las áreas cerebrales que nos ayudarán a contrarrestar los desbalances bioquímicos que nos hacen sentir mal. No entretengas en tu mente ningún recuerdo que te parezca destructivo, sácalo. Tienes la capacidad para hacerlo, “poniendo” otro pensamiento que lo anule.</big></p>
<p><big>Vencer la depresión no está en la calidad del medicamento que tomas, ni en la habilidad del terapeuta para ayudarte. Está absolutamente en la fortaleza de tu carácter y en la decisión que tomes sobre cómo enfrentarás y disfrutarás de la vida.</big></p>
<p>__________________________________________________</p>
<p>Pregúntale a Mónica © Prohibida su reproducción. Marzo, 2008</p>
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