Existen papás que, en principio, manejan una muy buena disciplina en el hogar. Tienen límites claros y razonables, y saben qué consecuencias tendrán sus hijos ante cualquier infracción… Sin embargo, a la hora de aplicar la teoría, empiezan los problemas: las reglas y castigos son flexibles, relativos, cambiantes, y por lo tanto, inútiles.