Es natural que DE VEZ EN CUANDO se escuchen gritos de papás dando instrucciones o reclamando algo a los hijos. Debería ser un momento excepcional de desesperación, que no represente lo que sucede todos los días. No se vale que esta sea una forma de expresión diaria. Es agotador para los padres, aterrador para los hijos y fatal para su relación y el ambiente familiar.
Hay unas que sufren esta “viudez” cada fin de semana, pero con el Mundial Sudáfrica 2010, los números se incrementarán de manera importante. Millones de mujeres encontrarán que, por un mes completo, sus esposos estarán físicamente en la casa (¡ojalá!), pero totalmente ausentes de la vida familiar, porque toda su atención estará concentrada en no perderse un solo partido de la contienda mundialista. Entonces, ¿qué hacer?
Generalmente, le ponemos fecha a los proyectos. Intentamos una estrategia durante un periodo, esperando tener resultados. Y aunque hay cosas para las que es muy útil determinar un tiempo apropiado, hay otras en que no debería existir una fecha de expiración. Unas involucran algunos aspectos de la formación de los hijos. Otras, nuestra relación de pareja. En temas personales, es más complicado determinar la fecha de caducidad.
El romance tiene muchas caras. En algunas ocasiones, tiene estilo “hollywoodense”, rodeándose de rosas y velas encendidas… En otras, tiene una cara más terrenal: él sorprendiéndote con hacerse cargo por completo de la casa, para que tú disfrutes una “tarde de amigas”; o ella, organizando todo lo necesario para que tú puedas irte a ver el partido de futbol con tus amigos… El secreto de una buena relación, consiste en la creatividad y frecuencia con la que buscamos detalles como estos para mantener enamorado a nuestro cónyuge.
Todos conocemos la teoría. Sabemos qué alimentos debemos comer y cuáles evitar o ingerir con más moderación. Por lo tanto, en la mayoría de los casos, no es un asunto de desconocimiento, sino de falta de voluntad. Sencillamente, no queremos hacerlo, porque cuesta demasiado trabajo. Las consecuencias personales vendrán solas, pero ¿y las familiares? ¿Cuántas generaciones después de la mía se verán afectadas por mi forma de comer?